Ansiedad: síntomas, causas y cuándo buscar ayuda
El corazón se acelera. Las manos sudan. La mente no para de dar vueltas a lo que puede salir mal. Sientes que algo terrible está a punto de pasar, aunque no sepas exactamente qué.
Si esto te suena familiar, probablemente hayas experimentado ansiedad. Y no estás solo: la ansiedad es uno de los problemas de salud mental más comunes y afecta a una parte significativa de la población en algún momento de su vida.
Qué es la ansiedad (y qué no es)
La ansiedad es una respuesta natural del cuerpo ante situaciones de peligro o estrés. Evolutivamente es un recurso increiblemente potente que nos sirve para sobrevivir. Hay mecanismos en el cuerpo que se activan en cuestión de décimas de segundo y nos hacen pasar de cero a cien, perparándonos para huir o para luchar.
La ansiedad es un mecanismo bueno, que te salva la vida o la de los tuyos. Es una especie de modo turbo que se activa cuando percibimos peligro. En el cuerpo suceden un montón de cambios y todos tienen sentido.
La adrenalina, el corazón, las pupilas dilatadas para verlo todo mejor, la sangre se va a los músculos principales y nos ponemos «blancos», ese golpe que te das al salir corriendo y que no te duele hasta que todo pasa. Son sólo algunos cambios que nuestro sistema de supervivencia activa para protegernos.
El problema aparece cuando esta respuesta se activa con demasiada frecuencia, con demasiada intensidad o ante situaciones que realmente no son peligrosas. O que suponen un peligro pero de otro tipo, que no necesita esa activación para sobrevivir.
O aparece cuando nos acostumbramos a vivir en una amenaza constante y los niveles de activación nunca bajan.
Diagnosticar la ansiedad no es sencillo, y desde luego no se hace con la IA o autovalorandose. Pero hay criterios que debemos valorar para decidir si ha llegado el momento de pedir ayuda.
La ansiedad como respuesta natural ante el peligro no es una patología. Tener unos días malos por un cambio en la vida, porque se avecinan acontecimientos importantes, porque pasamos por un acontecimiento traumático, todo eso puede formar parte del sistema normal de respuestas del organismo y no supone una enfermedad. Es lo que llamamos adaptarse.
Pero muchas veces la línea entre lo adaptativo y lo patológico es muy fina y hay que saber mirar con lupa.
Pero primero veamos cuáles son los signos mediante los que se manifiesta la ansiedad:
Los síntomas de la ansiedad
La ansiedad no es solo «estar nervioso». Se manifiesta en el cuerpo, en la mente y en el comportamiento.
Síntomas físicos
Tu cuerpo reacciona como si hubiera un peligro real, pero no lo hay o no es como para que se manifieste esta reacción:
- Palpitaciones o taquicardia
- Sensación de falta de aire o hiperventilación
- Opresión en el pecho
- Tensión muscular, especialmente en cuello y hombros
- Sudoración excesiva
- Temblores
- Mareos o sensación de inestabilidad
- Náuseas o problemas digestivos
- Hormigueo en manos o pies
- Boca seca
- Fatiga constante
Síntomas mentales
Tu mente entra en un bucle de preocupación:
- Preocupación excesiva por cosas cotidianas
- Pensamientos catastróficos
- Dificultad para concentrarse
- Mente en blanco
- Sensación de irrealidad o despersonalización
- Miedo a perder el control o «volverse loco»
- Estar constantemente alerta
- Dificultad para dormir
Síntomas conductuales
La ansiedad cambia lo que haces:
- Evitar situaciones que te generan ansiedad
- Necesitar compañía para hacer ciertas cosas
- Buscar constantemente tranquilización en otros
- Dificultad para tomar decisiones
- Procrastinación
- Irritabilidad
Tipos de ansiedad
No toda la ansiedad es igual. Existen diferentes trastornos, cada uno con características propias, mencionamos algunos brevemente:
Trastorno de ansiedad generalizada
Siempre preocupado por muchos aspectos de la vida (trabajo, salud, familia, dinero). La preocupación es difícil de controlar y va acompañada de síntomas físicos. Llega un momento que siempre estás nervioso, alerta, preocupado, esperando algo malo, con miedo. Te puede incluso costar salir de casa; un ruido cualquiera te sobresalta. Y no, no es un mal día, llevas mucho tiempo así. Quizá no es una ansiedad muy aguda como has podido experimentar otras veces; es más leve, te permite «tirar», pero si eres sincero quizá es porque te has acostumbrado a vivir escondido de las cosas que te preocupan y llevas mucho, mucho tiempo mal, sobreviviendo.
Trastorno de pánico
Ataques de pánico recurrentes e inesperados: episodios intensos de miedo, de malestar con síntomas físicos muy fuertes (taquicardia, sensación de ahogo, miedo a morir). Se pasa realmente mal. Se puede sentir como que «no eres tú», o como que la realidad es «borrosa», te puede parecer que te vas a morir, el grado de malestar muchas veces parece insoportable. Además, entre un ataque y otro, vives con miedo a tener otro ataque.
Fobia social
Miedo intenso a situaciones sociales donde puedas ser juzgado o evaluado. No es timidez: es un miedo paralizante que te lleva a evitar situaciones como hablar en público, comer delante de otros o conocer gente nueva. Otra de los trastornos que te pueden llevar a quedarte en casa, a minimizar tus movimientos.
Fobias específicas
Miedo intenso y muchas veces desproporcionado a objetos o situaciones concretas: volar, las alturas, ciertos animales, la sangre, los espacios cerrados.
Trastorno obsesivo-compulsivo
El famoso TOC. Pensamientos intrusivos (obsesiones) que generan ansiedad y conductas repetitivas (compulsiones) que hacemos para reducir la ansiedad. Por ejemplo, miedo a la contaminación que lleva a lavarse las manos repetidamente. A veces son compulsiones relacionadas con el orden: todo tiene que estar perfectamente en su sitio. Otras están relacionadas con miedo a haber hecho algo malo, o a ser responsable de que pase algo terrible.
Hay muchas variantes y se pueden expresar de diversas maneras, pero en esencia son pensamientos y acciones que no podemos controlar y que nos afectan a nuestra vida cotidiana.
Cuándo buscar ayuda profesional
Tener/sentir ansiedad ocasionalmente no es que sea normal, es que es señal de que estamos vivos. Pero deberías considerar buscar ayuda si:
- La ansiedad interfiere con tu trabajo, estudios o relaciones sociales o familiares
- Evitas situaciones importantes por miedo
- Los síntomas físicos son frecuentes o intensos
- Has tenido ataques de pánico
- Usas alcohol, medicamentos o drogas para calmarte
- La preocupación constante te impide disfrutar de la vida
- Llevas semanas o meses sintiéndote así
- Los tuyos piensan que deberías buscar ayuda.
No tienes que esperar a estar «muy mal». A veces ese «muy mal» no llega nunca, pero te encuentras «moderadamente mal» durante demasiado tiempo.
Qué puede hacer la terapia
Hoy en día tenemos suficientes recursos terapéuticos, psicológicos y farmacológicos como para poder abordar con éxito una gran cantidad de problemas de ansiedad; reduciendo la intensidad de los síntomas y ayudando a la persona a recuperar su vida y su bienestar y calidad de vida
La terapia psicológica es un tratamiento eficaz para la ansiedad. No se trata de hablar sin más, sino de trabajar con técnicas específicas.
Lo que se puede trabajar en terapia
- Entender qué está pasando en tu cuerpo y tu mente.
- Entender qué eventos disparan el malestar y por qué.
- Técnicas para calmar los síntomas físicos
- Identificar y cuestionar los pensamientos catastróficos
- Afrontar gradualmente las situaciones que evitas
- Cambiar patrones de comportamiento que mantienen la ansiedad.
- Herramientas para prevenir recaídas.
El enfoque EMDR para la ansiedad
Cuando la ansiedad tiene raíces en experiencias pasadas (traumas, situaciones difíciles en la infancia), la terapia EMDR puede ser especialmente útil. Permite procesar esos recuerdos de forma que dejen de activar la respuesta de ansiedad en el presente. En ocasiones los resultados son sorprendentemente rápidos y duraderos.
Lo que puedes hacer hoy
Mientras decides si buscar ayuda, algunas cosas pueden aliviar los síntomas:
Respiración diafragmática. Cuando sientas ansiedad, respira lento: 4 segundos inhalando, 4 manteniendo, 6 exhalando. Repite varias veces. Esto activa el sistema nervioso parasimpático y reduce la respuesta de alerta.
Movimiento físico. El ejercicio libera tensión y regula neurotransmisores. No hace falta correr una maratón: caminar 30 minutos ya ayuda.
Limita la cafeína y el alcohol. Ambos pueden agravar los síntomas, aunque a corto plazo parezca que ayudan.
Establece rutinas de sueño. La falta de sueño y la ansiedad se retroalimentan. Intenta acostarte y levantarte a horas regulares.
Cuestiona tus pensamientos. Cuando tu mente diga «va a pasar algo terrible», pregúntate: ¿qué pruebas tengo? ¿Cuántas veces he pensado esto y no ha pasado?
Sin embargo, no dejes de buscar ayuda profesional. No se trata de «truquitos», necesitas que un experto te ayude a diagnosticar, tratar y prevenir.
No tienes que vivir así
La ansiedad tiene solución. Con el tratamiento adecuado, la mayoría de personas mejoran significativamente.
En Psicoprotego trabajamos con técnicas de eficacia probada para los trastornos de ansiedad. Si sientes que la ansiedad está limitando tu vida, podemos ayudarte.
