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Inicio / Artículos / Trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo: cuando la irritabilidad no es solo mal genio

Trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo: cuando la irritabilidad no es solo mal genio

Cristina Domingo

Hay niños que se enfadan. Y luego hay niños que viven enfadados.

Los padres que conviven con lo segundo lo describen de forma parecida: explosiones de ira desproporcionadas varias veces por semana, un humor irritable casi constante entre una y otra, y la sensación de caminar siempre sobre cristales. En el colegio pasa lo mismo. Con los abuelos, también. No es una fase, porque lleva así más de un año.

Ese cuadro tiene nombre desde hace relativamente poco: trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo, o TDDEA. En este artículo explicamos qué es, en qué se diferencia de una rabieta normal y qué se puede hacer.

Un diagnóstico joven

El TDDEA apareció por primera vez en 2013, con la quinta edición del manual diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría, dentro de los trastornos depresivos (American Psychiatric Association, 2014).

Su origen es una historia interesante. Durante los años noventa y dos mil, el diagnóstico de trastorno bipolar infantil se disparó en Estados Unidos, y con él la prescripción de medicación potente a niños muy pequeños. El equipo de Ellen Leibenluft en el Instituto Nacional de Salud Mental estadounidense demostró que muchos de esos niños no tenían un trastorno bipolar: su irritabilidad era crónica, no episódica, y su evolución a largo plazo era distinta (Leibenluft, 2011). El TDDEA nació, en buena parte, para dar a esos niños una etiqueta más precisa y evitar tratamientos que no les correspondían.

Conviene saber que no es un diagnóstico frecuente. Los estudios de prevalencia sitúan las cifras aproximadamente entre el 1 y el 3 por ciento de los niños, según la edad y los criterios aplicados (Copeland et al., 2013).

Diferencias entre rabieta y TDDEA

Rabietas normales y rabietas que no lo son

Aquí está el matiz que más tranquilidad puede dar. Las rabietas son parte del desarrollo. Un niño de dos, tres o cuatro años que grita y se tira al suelo cuando algo le frustra está haciendo exactamente lo que toca a su edad: todavía no tiene cerebro suficiente, literalmente, para regular esa emoción solo.

El TDDEA es otra cosa. Para que un profesional lo considere, el manual exige varias condiciones a la vez: explosiones de ira intensas y claramente desproporcionadas al detonante, una media de tres o más por semana, un estado de ánimo irritable o enfadado la mayor parte del día casi todos los días entre las explosiones, una duración mínima de doce meses, y que ocurra en al menos dos contextos distintos, por ejemplo casa y colegio (American Psychiatric Association, 2014).

Hay además dos límites de edad importantes. El diagnóstico solo se hace entre los 6 y los 18 años, y los síntomas deben haber empezado antes de los 10. Un niño de cuatro años con muchas rabietas no puede recibir este diagnóstico, por definición.

Dicho en corto: la diferencia no está en que el niño se enfade, sino en la frecuencia, la intensidad, la duración en el tiempo y en que la irritabilidad no desaparece entre los episodios. Es el humor de fondo lo que distingue el cuadro.

Lo que el TDDEA no es

No es trastorno bipolar infantil. En el trastorno bipolar hay episodios delimitados de euforia o irritabilidad que contrastan con el estado habitual del niño. En el TDDEA la irritabilidad es la línea de base, sin episodios diferenciados.

Tampoco es exactamente un trastorno negativista desafiante, aunque se parecen y de hecho comparten muchos casos. La diferencia principal es el peso del componente anímico: en el TDDEA el humor irritable persistente es el núcleo del problema, no solo la conducta desafiante.

¿Y su futuro? Este dato es de los más útiles para las familias. Los estudios de seguimiento a largo plazo indican que los niños con irritabilidad crónica grave no tienden a desarrollar trastorno bipolar de adultos, sino que tienen más riesgo de depresión y de problemas de ansiedad (Stringaris et al., 2009). Por eso el trastorno se clasifica entre los depresivos, y por eso intervenir pronto merece tanto la pena.

Criterios básicos para diagnosticar TDDEA.

Qué se puede hacer

El tratamiento de primera línea es psicológico. Suele combinar dos frentes: trabajo directo con el niño en identificación y regulación de emociones, habitualmente desde enfoques cognitivo-conductuales, y entrenamiento a los padres en manejo de las explosiones, porque la respuesta del entorno puede amortiguar o alimentar el cuadro. También se ha adaptado la terapia dialéctico-conductual para niños con este perfil, con resultados iniciales prometedores (Perepletchikova et al., 2017).

La medicación existe como opción en algunos casos, sobre todo cuando hay comorbilidad con TDAH, pero no hay ningún fármaco aprobado específicamente para el TDDEA. Esa decisión corresponde siempre a un psiquiatra infantil, nunca es el punto de partida.

Una cosa más para los padres que se sientan señalados: la irritabilidad crónica no es el resultado de una mala crianza. Los estilos educativos influyen en el curso del problema, sí, pero no lo crean. Pedir ayuda no es reconocer un fracaso, es hacer de padre.

Cuándo consultar

Si las explosiones son frecuentes e intensas desde hace meses, ocurren en más de un contexto y el humor de fondo entre ellas es de enfado casi permanente, merece una valoración profesional. No para colgar una etiqueta, sino para descartar otras causas y empezar a trabajar cuanto antes. Si dudas sobre el paso, aquí tienes una guía general sobre cuándo ir al psicólogo.

Y mientras tanto, un recordatorio que en consulta repetimos mucho: detrás de un niño que explota no hay un niño malo. Hay un niño que lo está pasando mal y todavía no sabe decirlo de otra forma.


Si convives con esta situación y quieres orientación, en Psicoprotego podemos ayudarte a valorar el caso y acompañaros en el proceso. Sin compromiso y a vuestro ritmo.

Referencias

American Psychiatric Association (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5) (5.ª ed.). Editorial Médica Panamericana.

Copeland, W. E., Angold, A., Costello, E. J., y Egger, H. (2013). Prevalence, comorbidity, and correlates of DSM-5 proposed disruptive mood dysregulation disorder. American Journal of Psychiatry, 170(2), 173-179.

Leibenluft, E. (2011). Severe mood dysregulation, irritability, and the diagnostic boundaries of bipolar disorder in youths. American Journal of Psychiatry, 168(2), 129-142.

Perepletchikova, F., Nathanson, D., Axelrod, S. R., et al. (2017). Randomized clinical trial of dialectical behavior therapy for preadolescent children with disruptive mood dysregulation disorder. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 56(10), 832-840.

Stringaris, A., Cohen, P., Pine, D. S., y Leibenluft, E. (2009). Adult outcomes of youth irritability: A 20-year prospective community-based study. American Journal of Psychiatry, 166(9), 1048-1054.


Psicoprotego es un blog de divulgación. Su contenido no sustituye la valoración de un profesional de la salud mental.

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