¿Cuántas sesiones de EMDR voy a necesitar?
Es la pregunta que aparece casi siempre al final de la primera consulta, cuando ya se ha hablado de lo importante y solo queda lo práctico. A veces se formula con cierta disculpa, como si preguntar por el número fuera poco delicado. No lo es. Detrás hay cosas muy concretas: cuánto va a costar, cuántas tardes hay que reorganizar, quién se queda con los niños. Y, debajo de todo eso, una pregunta que no siempre se dice en voz alta: cuánto tiempo más vas a tener que cargar con lo que te ha traído hasta aquí.
La respuesta honesta es un intervalo, no una cifra. Conviene decirlo con claridad, porque, a veces en internet circulan números que prometen demasiado.
De dónde sale la franja de 8 a 12 sesiones
La guía clínica británica (NICE), que es la referencia más citada en Europa para el tratamiento del estrés postraumático, recomienda ofrecer EMDR a las personas adultas con síntomas de estrés postraumático y prevé que el tratamiento se proporcione «habitualmente en 8 a 12 sesiones, pero más si está clínicamente indicado, por ejemplo si han sufrido traumas múltiples» (National Institute for Health and Care Excellence, 2018).
Esa franja es una buena referencia de partida, y vale la pena saber que existe antes de llamar a ningún sitio. Pero la coletilla final, la de los traumas múltiples, no es un detalle burocrático: ahí está toda la variación. Si aún no tienes claro en qué consiste esta terapia, quizá te convenga empezar por ahí y volver luego a la cuenta de las sesiones.

Lo que de verdad cambia la cuenta no es la técnica
En uno de los ensayos clínicos más conocidos sobre EMDR, el tratamiento fueron ocho sesiones semanales de noventa minutos, las mismas para todos los participantes. A los seis meses, el 75 % de quienes habían sufrido el trauma siendo adultos estaban asintomáticos. Entre quienes arrastraban un trauma que se remontaba a la infancia, la cifra era del 33 % (van der Kolk et al., 2007). Misma terapia, misma dosis, misma duración, resultados muy distintos.
Un estudio anterior, hecho en condiciones de asistencia ordinaria y no de laboratorio, había apuntado en la misma dirección: al terminar el tratamiento, el 100 % de los pacientes con un único suceso traumático había dejado de cumplir criterios de estrés postraumático, frente al 77 % de quienes tenían varios (Marcus, Marquis y Sakai, 1997).
Es decir: el número de sesiones no lo decide el método, lo decide tu historia. Un accidente de tráfico a los treinta y cinco años, en una persona que hasta entonces dormía bien y tenía a alguien con quien hablar, no ocupa el mismo tiempo que veinte años de una infancia en la que el peligro era la norma.
No todas las sesiones son de procesamiento
Otra confusión frecuente. Cuando alguien cuenta sus sesiones desde el primer día y dice «llevo cuatro y todavía no hemos hecho nada», casi siempre está contando bien y valorando mal. El protocolo tiene ocho fases y las dos primeras son historia clínica y preparación. En el ensayo que citaba antes, de las ocho sesiones del tratamiento una media de seis se dedicó al procesamiento propiamente dicho; las otras eran el trabajo previo.
Ese trabajo previo no es un trámite. Es lo que hace que el procesamiento sea tolerable cuando llegue. Saltárselo para llegar antes es la forma más segura de tardar más.
Además, este trabajo previo implica también asegurarse de que la persona es capaz de procesar el material, que tiene recursos para no desregularse y para poder cerrar una sesión con estabilidad; en esto cada uno tenemos un ritmo diferente y es el terapeuta quién tiene que valorar cuándo llega el momento de cambiar de fase.

Concentrar o espaciar: no es la misma pregunta
Hay un estudio con treinta veteranos que me parece especialmente clarificador. Todos recibieron entre 18 y 20 sesiones de EMDR. La mitad las recibió dos veces al día durante diez días; la otra mitad, una por semana durante cinco o seis meses. Los dos grupos mejoraron y todos bajaron del punto de corte del cuestionario al terminar, con los resultados mantenidos un año después (Hurley, 2018).
Fíjate en lo que no cambió: el número de sesiones. Lo que cambió fue el calendario. «Cuántas sesiones necesito» y «cuánto va a durar esto» son preguntas separadas, y a veces la segunda tiene margen aunque la primera no lo tenga.
Lo que sí se puede comprometer el primer día
Nadie que te dé una cifra exacta en la primera consulta te está diciendo la verdad, porque en la primera consulta todavía no se sabe. Lo que sí se puede pactar es un punto de revisión: un número de sesiones acordado, con una medida al principio y otra al llegar ahí, y una conversación honesta sobre lo que ha pasado.
Si a las ocho sesiones no se ha movido nada, eso es información y no un fracaso. Es motivo para revisar el foco, el objetivo o el encuadre, no para repetir lo mismo con más insistencia. Si has llegado hasta aquí después de darle muchas vueltas a si te hace falta ayuda profesional, no creo que debas ceñirte a un tratamiento que se prolonga por inercia.
El número que preguntas y el tiempo que vives
Agustín de Hipona dejó escrito en las Confesiones que el tiempo no se mide en las cosas, sino en el alma que las recuerda y las espera. Es una observación vieja y sigue siendo exacta. Dos personas con diez sesiones por delante no tienen por delante la misma espera.
Cuando preguntas cuántas sesiones vas a necesitar no estás pidiendo una cifra administrativa. Estás preguntando cuánto falta para dejar de vivir así. Esa pregunta merece una respuesta, aunque sea aproximada, revisable y dicha con todas las cautelas. Lo que no merece es una cifra bonita.
En Psicoprotego trabajamos con EMDR en la consulta de Pozuelo de Alarcón y también por videollamada, con cita previa. Podemos desplazarnos cuando el caso lo requiere.
Si estás valorando empezar y lo que te frena es no saber en qué te metes, escríbenos y lo hablamos antes de decidir nada. Sin compromiso y a tu ritmo.
Preguntas frecuentes
¿Se puede resolver algo en una sola sesión? En casos muy concretos, con un único suceso reciente y una persona sin otros antecedentes, se ven cambios rápidos. No es lo habitual y no conviene planificar contando con ello.
¿Cuánto dura cada sesión? Las sesiones de procesamiento suelen ser más largas que las de una terapia convencional, entre 60 y 90 minutos, porque un recuerdo que se abre conviene cerrarlo antes de salir por la puerta. Aquí está contado lo que ocurre dentro de una sesión, minuto a minuto.
Tengo varios recuerdos difíciles, no uno. ¿Hay que procesarlos todos? No siempre. Con frecuencia varios recuerdos comparten la misma creencia de fondo, y al trabajar uno se mueven los demás. Eso se valora en la fase de historia clínica, al principio.
¿Funciona igual por videollamada? En bastantes casos sí, con algunas condiciones técnicas y clínicas que conviene revisar antes de empezar. No es una decisión que se tome por comodidad, sino después de valorar el caso.
¿Y si tengo que interrumpir el tratamiento a mitad? Se puede retomar. Lo que no conviene es interrumpir justo después de abrir un recuerdo y antes de cerrarlo, y por eso el cierre de cada sesión forma parte del protocolo.
Psicoprotego es un blog de divulgación. Su contenido no sustituye la valoración de un profesional de la salud mental.
Referencias
Agustín de Hipona. (1996). Confesiones (libro XI). Biblioteca de Autores Cristianos. (Obra original del año 398).
Hoppen, T. H., Meiser-Stedman, R., Kip, A., Birkeland, M. S. y Morina, N. (2024). The efficacy of psychological interventions for adult post-traumatic stress disorder following exposure to single versus multiple traumatic events: a meta-analysis of randomised controlled trials. The Lancet Psychiatry, 11(2), 112-122. https://doi.org/10.1016/S2215-0366(23)00373-5
Hurley, E. C. (2018). Effective treatment of veterans with PTSD: Comparison between intensive daily and weekly EMDR approaches. Frontiers in Psychology, 9, 1458. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2018.01458
Marcus, S., Marquis, P. y Sakai, C. (1997). Controlled study of treatment of PTSD using EMDR in an HMO setting. Psychotherapy: Theory, Research, Practice, Training, 34(3), 307-315. https://doi.org/10.1037/h0087791
National Institute for Health and Care Excellence. (2018). Post-traumatic stress disorder (NICE guideline NG116). https://www.nice.org.uk/guidance/ng116
Shapiro, F. (2018). Eye movement desensitization and reprocessing (EMDR) therapy: Basic principles, protocols, and procedures (3.ª ed.). Guilford Press.
van der Kolk, B. A., Spinazzola, J., Blaustein, M. E., Hopper, J. W., Hopper, E. K., Korn, D. L. y Simpson, W. B. (2007). A randomized clinical trial of eye movement desensitization and reprocessing (EMDR), fluoxetine, and pill placebo in the treatment of posttraumatic stress disorder: Treatment effects and long-term maintenance. The Journal of Clinical Psychiatry, 68(1), 37-46. https://doi.org/10.4088/jcp.v68n0105