Qué es la terapia EMDR y cómo ayuda a superar el trauma
El EMDR es una terapia psicológica pensada para trabajar recuerdos que siguen haciendo daño en el presente. Sus siglas vienen del inglés, desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares, y su idea central es sencilla: algunas experiencias difíciles no se quedan guardadas como pasado, sino que siguen disparando miedo, culpa, vergüenza o angustia cada vez que algo las roza. El tratamiento busca que ese recuerdo se procese y pase a ser algo que ocurrió, no algo que sigue ocurriendo.
Es uno de los tratamientos psicológicos recomendados para el trastorno de estrés postraumático, y se usa también con recuerdos que no llegan a ese diagnóstico pero pesan mucho. No es hipnosis, no consiste solo en mover los ojos y no borra lo que pasó.
De dónde viene y qué propone
Lo desarrolló la psicóloga estadounidense Francine Shapiro a finales de los años ochenta, y el primer trabajo en que lo describió se publicó en 1989 (Shapiro, 1989). Desde entonces el método ha cambiado mucho: hoy es un protocolo completo, con una fase de evaluación, una de preparación y varias de trabajo con los recuerdos.
Su base teórica es lo que Shapiro llamó procesamiento adaptativo de la información. Dicho llano: ante algo muy doloroso o desbordante, la memoria no siempre consigue ordenar lo que pasó, y el recuerdo se queda guardado tal cual, con la misma carga que tenía entonces. Por eso hay experiencias que, aunque hayan pasado años, se reviven en vez de recordarse. Y no tiene por qué tratarse de un gran trauma: también accidentes, episodios médicos, humillaciones, rupturas o conflictos familiares que, en teoría, deberían estar superados y siguen activándose.

Cómo es el tratamiento
El EMDR no empieza moviendo los ojos. Antes hay una evaluación a fondo de qué le pasa a la persona y de su historia, y una preparación para que tenga recursos con los que calmarse si algo se remueve. Solo después se eligen los recuerdos con los que trabajar. El protocolo completo está contado, paso a paso, en las ocho fases del protocolo EMDR.
En la parte de procesamiento, la persona trae a la mente un aspecto del recuerdo mientras sigue con la mirada la mano del terapeuta, oye un sonido alterno o recibe golpecitos alternos en las manos. Es lo que se llama estimulación bilateral. Se hace por tandas cortas, y entre una y otra se para y se pregunta qué ha aparecido. Qué se nota durante las tandas, y por qué no es hipnosis, está en qué se siente con la estimulación bilateral; cómo transcurre una sesión de principio a fin, en una sesión de EMDR minuto a minuto.
Lo que suele cambiar no es el recuerdo en sí, sino lo que hace al recordarlo. Es como una foto que antes ocupaba toda la pared y después queda en un álbum: sigue ahí, se puede mirar, pero ya no se echa encima.
Para qué está indicado y qué dice la investigación
Donde más respaldo tiene es en el trastorno de estrés postraumático. La guía clínica británica del NICE recomienda ofrecer EMDR a los adultos con estrés postraumático cuando han pasado más de tres meses desde un trauma que no sea de combate, y plantearlo antes, entre uno y tres meses, si la persona lo prefiere (NICE, 2018). En niños y adolescentes, la misma guía lo plantea si no han respondido a la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma, que es su primera opción; y un análisis amplio de los ensayos con menores encontró que el EMDR reduce los síntomas claramente más que no hacer tratamiento, aunque faltan datos a largo plazo (Hoppen et al., 2025).
Conviene decir también lo que no se sabe. La revisión más completa de los ensayos con EMDR concluyó que probablemente es eficaz para el estrés postraumático a corto plazo, pero que la calidad de los estudios todavía no permite conclusiones firmes, y que para otros problemas todavía no hay estudios suficientes para recomendarlo (Cuijpers et al., 2020). No es una terapia para todo, y una buena evaluación es la que dice si está indicada o si conviene otro camino.
En la práctica, mucha gente no llega diciendo «tengo un trauma». Hay quien consulta por una ansiedad que no se va, quien por reacciones que le parecen desproporcionadas, quien por la sensación de tropezar una y otra vez con lo mismo en sus relaciones. A veces, al tirar del hilo, aparece debajo una experiencia que no se ha terminado de procesar, y ahí el EMDR puede tener sentido. Otras veces no, y entonces se trabaja de otra manera. Cuando la ansiedad o un duelo que se ha complicado tienen esa raíz, el EMDR es una de las opciones.
EMDR en niños y adolescentes
Con niños y adolescentes el tratamiento se adapta a la edad: cambian la forma de explicar lo que se va a hacer, el tipo de estimulación y el papel de la familia, que suele estar mucho más presente. Puede estar indicado tras accidentes, hospitalizaciones, situaciones de acoso, separaciones muy conflictivas u otras experiencias de miedo intenso. Siempre empieza por una valoración cuidadosa, y cuando procede se coordina con los padres; para los más pequeños, la puerta de entrada es la psicología infantil.
Cuánto dura
Depende de muchas cosas. Influye que se trate de una experiencia concreta o de muchas a lo largo de los años, cuándo empezaron, los recursos con los que cuenta la persona y lo que esté pasando en su vida ahora. En un trauma delimitado el proceso suele ser más corto que en un trauma complejo, que pide más tiempo; para adultos con estrés postraumático, la guía del NICE habla de 8 a 12 sesiones de forma habitual, y más si ha habido varios traumas (NICE, 2018). Cuánto, en cada caso, se ve tras la evaluación. Hay más detalle en cuántas sesiones de EMDR voy a necesitar.
Si es seguro y si borra los recuerdos
Hecho por un profesional con formación específica, es un tratamiento seguro. Eso no quiere decir que no remueva: es habitual que, tras trabajar un recuerdo difícil, haya unos días de más intensidad, con más cansancio, más sensibilidad o recuerdos que vuelven a la cabeza. Por eso importan tanto la evaluación y la preparación previas, y el seguimiento. Entre sesiones, si el malestar se dispara, se puede llamar; no hace falta esperar a la siguiente.
Y no, no borra los recuerdos. Lo que se busca es que el recuerdo deje de activarse de forma desproporcionada: que se pueda pensar en lo que pasó con más distancia y más calma, como algo que ocurrió y ya no está ocurriendo.

Si te estás planteando empezar un proceso centrado en una experiencia difícil y quieres saber si este enfoque encaja en tu caso, puedes ver cómo trabajamos con EMDR en la consulta o escribirnos y lo valoramos contigo.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el EMDR y para qué sirve?
Es una terapia psicológica para trabajar recuerdos que siguen afectando en el presente. Se usa sobre todo en el estrés postraumático, donde más respaldo tiene, y también con otras experiencias difíciles que no se han terminado de procesar. No borra el recuerdo: busca que deje de dispararse con la misma fuerza.
¿Para quién puede ser útil el EMDR?
Para personas con estrés postraumático y, en general, para quien nota que una experiencia del pasado sigue tirando de su presente: miedo, culpa, vergüenza o angustia que vuelven cuando algo la roza. No está indicado para todo, y una evaluación previa es la que dice si encaja o si conviene otro enfoque.
¿El EMDR es hipnosis?
No. La persona está despierta, con los ojos abiertos, sabe en todo momento lo que pasa y puede parar cuando quiera. Lo que se hace durante las tandas está explicado con detalle en qué se siente con la estimulación bilateral.
¿Es una terapia breve?
Puede serlo cuando se trabaja una experiencia concreta, y se alarga cuando hay varias o vienen de lejos. Para el estrés postraumático en adultos, las guías hablan de unas 8 a 12 sesiones de forma habitual, pero cuántas hacen falta en cada caso se ve después de la evaluación.
¿Se puede hacer EMDR por videollamada?
Sí, y lo hacemos. Hace falta un sitio privado, una pantalla que permita seguir el estímulo con la mirada y un plan acordado por si la sesión se pone difícil. En algunos casos conviene empezar en la consulta y pasar después a la videollamada.
Referencias (4)
Cuijpers, P., van Veen, S. C., Sijbrandij, M., Yoder, W. y Cristea, I. A. (2020). Eye movement desensitization and reprocessing for mental health problems: A systematic review and meta-analysis. Cognitive Behaviour Therapy, 49(3), 165-180. https://doi.org/10.1080/16506073.2019.1703801
Hoppen, T. H., Wessarges, L., Jehn, M., Mutz, J., Kip, A., Schlechter, P., Meiser-Stedman, R. y Morina, N. (2025). Psychological interventions for pediatric posttraumatic stress disorder: A systematic review and network meta-analysis. JAMA Psychiatry, 82(2), 130-141. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2024.3908
National Institute for Health and Care Excellence (NICE). (2018). Post-traumatic stress disorder (NICE guideline NG116). https://www.nice.org.uk/guidance/ng116
Shapiro, F. (1989). Eye movement desensitization: A new treatment for post-traumatic stress disorder. Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry, 20(3), 211-217. https://doi.org/10.1016/0005-7916(89)90025-6
Este artículo es divulgativo y no sustituye la valoración de un profesional de la salud mental. Si estás pasando por un momento de riesgo, en España puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, disponible las 24 horas, o al 112.