Las ocho fases del protocolo EMDR, sin tecnicismos
Si has oído o leído algo sobre terapia EMDR, seguramente te has topado con la frase: «el protocolo consta de ocho fases». Casi siempre viene con una lista de nombres que no dicen gran cosa, instalación, escaneo corporal, reevaluación, y deja la impresión de un procedimiento largo y algo mecánico.
Conviene deshacer el malentendido antes de nada. Las ocho fases no son ocho sesiones. Son el mapa de un tratamiento entero, y en una sola sesión puedes recorrer seis de ellas. Algunas ocupan diez minutos y otras se extienden varias semanas. Cuatro se repiten cada vez que se trabaja un recuerdo nuevo.
Las sistematizó Francine Shapiro y siguen siendo el esqueleto de la terapia tal como se investiga y se enseña hoy (Shapiro, 2018; Novo Navarro et al., 2018). A continuación te contamos qué hace cada una y, sobre todo, por qué están en ese orden y no en otro.
Fases 1 y 2: lo que ocurre antes de tocar nada
Fase 1. Historia clínica y plan de trabajo. El terapeuta recoge tu historia, la clínica y la biográfica: qué te trae, desde cuándo, qué has intentado, qué vínculos te sostienen y cuáles te desgastan. Y de ahí sale una lista concreta de recuerdos a trabajar.
Aquí está una de las ideas peor entendidas del método. El EMDR no trata «el trauma» como si fuese un bloque. Trabaja una secuencia: el recuerdo que abrió la herida, los que la fueron alimentando después, los disparadores del presente que hoy la reactivan, y la situación futura que necesitas poder afrontar sin bloquearte. Esa secuencia es la decisión clínica más importante de todo el tratamiento, y se toma en la fase 1. Si el plan está mal hecho, las sesiones brillantes no lo arreglan.
Fase 2. Preparación. Se explica cómo funciona el procesamiento, se prueban las formas de estimulación bilateral para ver cuál te resulta cómoda y se instalan recursos de regulación: un lugar seguro al que volver, una imagen que te ancle, una manera de parar. La idea es sencilla. No se abre una puerta sin saber cómo se cierra.
¿Cuánto dura esta fase? Aquí hay un debate real dentro del campo, y merece la pena contarlo con honestidad. Durante años se defendió que los casos complejos necesitaban meses de estabilización antes de tocar ningún recuerdo. Una revisión crítica firmada por buena parte de los investigadores de referencia en trauma cuestionó esa idea: no hay evidencia sólida de que la fase estabilizadora prolongada sea necesaria para todo el mundo, y retrasarla tiene un coste, porque hay pacientes que se quedan esperando un tratamiento que ya les habría servido (de Jongh et al., 2016). En sentido contrario, la instalación de recursos sí ha mostrado utilidad en cuadros complejos (Korn y Leeds, 2002).
Mi experiencia es que la preparación depende de cada persona y no por el calendario. Hay quien está listo en dos sesiones y quien necesita dos meses. Incluso he visto avances sorprendentes en una sola sesión; aunque no es lo habitual.

Fases 3 a 6: el trabajo con cada recuerdo
Fase 3. Evaluación del recuerdo diana. Se concreta la imagen que resume el episodio, la creencia negativa que se te quedó pegada («estoy en peligro», «es culpa mía», «no valgo»), la creencia que preferirías sostener en su lugar, la emoción, dónde la notas en el cuerpo y dos escalas de 0 a 10 para medir cuánto perturba y cuánto crees hoy esa frase positiva.
Leído así parece un formulario. En la consulta no lo es (aunque el protocolo es tan importante que seguimos un guion en papel). Para algunos es la primera vez que ponen en palabras algunas cosas y ya solo eso, oírse, ya mueve algo.
Fase 4. Desensibilización. Series de estimulación bilateral de algunos mientras observas lo que aparece, sin dirigirlo ni juzgarlo. No se trata de olvidar. Se trata de que el recuerdo termine de procesarse (reprocesarse) y deje de comportarse como si el peligro siguiera ocurriendo. Tienes el detalle de cómo es en la práctica en cómo es una sesión de EMDR minuto a minuto.
Fase 5. Instalación. La creencia positiva se asocia al recuerdo con nuevas series de estimulación. Y aquí una advertencia: esto no es pensamiento positivo pegado por encima. Si la perturbación de la fase 4 no ha bajado de verdad, la frase no agarra, y el terapeuta lo ve en la escala. Es una de las pocas cosas en psicoterapia que no se puede fingir.
Fase 6. Escaneo corporal. Se recorre el cuerpo buscando restos de tensión asociados al recuerdo ya trabajado. El cuerpo lleva su propia contabilidad, y no siempre coincide con la del relato: alguien puede contar el episodio con calma y seguir teniendo el pecho cerrado al hacerlo. Mientras quede residuo físico, el procesamiento no ha terminado.
Fases 7 y 8: cerrar y volver a mirar
Fase 7. Cierre. La sesión se cierra siempre, haya terminado el recuerdo o no. Si ha quedado abierto, se usan los recursos de la fase 2 para devolverte a un estado estable antes de salir por la puerta, y se te explica que en los días siguientes pueden aparecer sueños, imágenes o cambios de ánimo. No es un efecto secundario indeseado: el procesamiento continúa entre sesiones, y saberlo evita que lo interpretes como un empeoramiento.
Fase 8. Reevaluación. Toda sesión empieza revisando la anterior. ¿Bajó la perturbación y se mantuvo? ¿Apareció material nuevo? ¿Hay que reordenar el plan? Esta fase para mi es fundamental porque es la que convierte el EMDR en un tratamiento completo o un encuadre y no en una técnica terapéutica simple.
Por qué el orden importa
Saltarse fases no acelera nada. La revisión de estudios de Maxfield y Hyer encontró que cuanto más riguroso era el diseño, y con él la fidelidad al protocolo, mayor era el efecto obtenido (Maxfield y Hyer, 2002). El EMDR figura hoy como tratamiento de primera línea para el estrés postraumático en la mayoría de guías clínicas internacionales, y lo hace con el protocolo completo detrás, no con la parte llamativa suelta. Es más, por lo que me cuentan mis pacientes, más de un terapeuta hace la estimulación bilateral (o cosas parecidas) pero sin seguir el protocolo de Shapiro.
Hay además una razón menos técnica. Ir a mirar de frente lo que más duele solo es sensato si sabes que hay un camino de vuelta. Las ocho fases son ese camino de vuelta puesto por escrito. Por eso la estructura, lejos de restar humanidad a la sesión, es justamente lo que permite sostenerla. Dicho de otra manera: el terapeuta se asegura de que antes de entrar a procesar tu mente esté preparada para recordar y si no lo está de darle los recursos necesarios para poder abrir la puerta del recuerdo traumático con seguridad.

Si quieres el marco general antes de entrar en el detalle, empieza por qué es el EMDR y cómo ayuda. Y si lo que te frena es la duda previa de si esto es para ti, quizá te sirva más la lista de señales de que conviene consultar con un profesional.
Y de nuevo algo importante: el protocolo EMDR no es autoaplicable ni aplicable por familiares, pareja o amigos. Es un error. Es necesario hacerlo en un contexto clínico seguro.
Preguntas frecuentes
¿Las ocho fases son ocho sesiones?
No. En una primera sesión de procesamiento puedes recorrer de la 3 a la 7. Las fases 1 y 2 ocupan las primeras sesiones del tratamiento, y las fases 3 a 6 se repiten con cada recuerdo de la lista.
¿Se pueden saltar fases ?
El protocolo admite adaptaciones clínicas, pero no atajos. Procesar sin plan de trabajo previo, o abrir un recuerdo sin recursos de regulación instalados, deja al paciente sin red.
¿Cuánto dura la fase de preparación?
Depende de diversos factores individuales, no de un número fijo de sesiones. Puede ir de una o dos sesiones a bastantes más en cuadros complejos.
¿Y si una sesión termina con el recuerdo a medias?
Ocurre con frecuencia y está previsto en la fase 7. Se cierra con técnicas de estabilización y se retoma en la siguiente sesión desde donde se quedó.
¿Cómo sé que mi terapeuta aplica el protocolo completo?
Puedes preguntarlo directamente, igual que puedes preguntar por su formación en EMDR y su número de colegiado. Un profesional acreditado te lo dirá sin rodeos. Los nuestros están en la página de nuestro equipo.
Si estás valorando empezar una terapia EMDR y quieres entender antes cómo se trabajaría tu caso concreto, en Psicoprotego podemos explicártelo sin compromiso y a tu ritmo.
Psicoprotego es un blog de divulgación. Su contenido no sustituye la valoración de un profesional de la salud mental.