Qué se siente con la estimulación bilateral (y por qué no es hipnosis)
En una sesión de EMDR el terapeuta mueve la mano delante de tus ojos y tú la sigues con la mirada. A eso se le llama estimulación bilateral, y visto desde fuera se parece bastante a lo que mucha gente imagina cuando oye la palabra hipnosis, así que la duda aparece sola. No es hipnosis.
Diría que lo que preocupa de verdad no es tanto la palabra como tres cosas muy concretas: perder el control, decir algo que no querías decir y no acordarte luego de lo que ha pasado. Ninguna de las tres ocurre, y más abajo está el porqué. Antes conviene contestar la pregunta que suele estar debajo, que es más sencilla: qué se siente.
Cómo se hace
El terapeuta mueve dos dedos, o una barra de luces, de un lado a otro delante de tus ojos. Cada tanda son veinte o cuarenta movimientos, medio minuto más o menos. Estás sentado, con los ojos abiertos, despierto, y puedes hablar cuando quieras. Al terminar cada tanda el terapeuta para y pregunta algo tan poco solemne como «¿qué notas ahora?».
También se usan tonos alternos por auriculares o golpecitos suaves en las manos, sobre todo cuando seguir con la vista cansa mucho. La secuencia entera, con lo que va antes y lo que va después de las tandas, está contada en cómo es una sesión de EMDR minuto a minuto, y el andamiaje que la sostiene, en las ocho fases del protocolo.
Qué se nota
Lo primero que hay que decir es que casi nunca pasa nada espectacular.
Lo más habitual es que el recuerdo pierda nitidez. Hay quien lo cuenta diciendo que lo ve más lejos, hay quien dice que se le ha quedado como una foto vieja y hay quien dice que sigue ahí pero ya no se le echa encima, incluso hay quien tiene la sensación de que fluye, simplemente se va… A veces, en mitad de una tanda, aparece otro recuerdo que no esperabas y que resulta estar emparentado con el primero. A veces no se mueve nada en dos o tres tandas y luego se mueve mucho de golpe.
Y a veces la angustia sube antes de bajar. Eso dura poco y no significa que la cosa vaya mal.
En el cuerpo se nota cansancio de ojos, bostezos, calor, pesadez en los brazos, ganas de llorar sin una idea clara detrás.
Esto último además se ha medido con aparatos, tanda a tanda: en los primeros segundos de cada una el corazón se frena un poco y luego, mientras el recuerdo sigue delante, la activación vuelve a subir (Sack, Lempa, Steinmetz, Lamprecht y Hofmann, 2008). Ese pequeño respiro del principio que describen muchos pacientes no es sugestión suya, está registrado.

Lo que más cambia, de todo lo que se ha mirado, es justamente la nitidez de la imagen (Lee y Cuijpers, 2013). El recuerdo no se borra, deja de imponerse.
Por qué pasa esto
La explicación que mejor se sostiene hoy no es muy misteriosa. Mantener un recuerdo vivo en la cabeza ocupa sitio en la memoria de trabajo, que es la que usamos todos para sostener cosas mientras hacemos algo; seguir una mano con los ojos ocupa parte de ese mismo sitio. Al hacer las dos cosas a la vez, el recuerdo se evoca más pobre, y es esa versión más pobre la que se vuelve a guardar (van den Hout y Engelhard, 2012).
Es como si fuera una mesa pequeña: si la ocupas con dos cosas a la vez, ninguna de las dos cabe entera. No es que el recuerdo se borre ni que se nos olvide lo que pasó; es que esa vez lo hemos recordado a medias, y a medias es como se queda guardado.
Por qué no es hipnosis
La hipnosis tiene una definición oficial, que es la que maneja la Asociación Americana de Psicología: un estado de conciencia con la atención muy centrada y la conciencia de lo que hay alrededor reducida, en el que se responde más a la sugestión (Elkins, Barabasz, Council y Spiegel, 2015). Son tres piezas: una inducción que abre el estado, una conciencia de alrededor que se estrecha y una sugestión que se aprovecha de ello.
En EMDR no hay ninguna de las tres.
No hay inducción: se empieza a mover la mano y ya está. La conciencia de lo que hay alrededor no se estrecha, se mantiene a propósito, y eso es justamente lo que hace funcionar el procedimiento: estás con un pie en el recuerdo y el otro en la consulta, con los ojos abiertos y el terapeuta delante, sabiendo todo el rato que aquello pasó entonces y no ahora (Shapiro, 2018). Y no hay sugestión de contenido: el terapeuta dice «sigue con eso» y se calla. Cuanto menos interviene, mejor sale.
William James decía que la atención es quedarse con una cosa entre varias posibles. En EMDR esa parte sigue siendo tuya.

Lo que la estimulación no puede hacer
No puede hacerte decir lo que no quieras decir. De hecho en ocasiones especiales se puede plantear una forma de trabajar sin que el terapeuta conozca el contenido del recuerdo, para quien no quiere contarlo o no puede por razones legales o profesionales.
No puede borrarte nada. Al terminar recordarás lo mismo que recordabas al entrar, con la diferencia de que probablemente pesará menos. Otra cosa distinta es que el recuerdo deje de perseguirte, deje de pesar tanto y se convierta en un recuerdo como los otros, no borrado, pero guardado sin más.
No puede seguir sin ti. Cualquier tanda se para levantando una mano, y eso se pacta antes de empezar.
Aun así, puede pasar que en algún momento notes que te desconectas, que la voz del terapeuta se aleja o que dejas de sentir el cuerpo. Eso no es la hipnosis asomando, es disociación, y lo que se hace es avisar y parar. Es un fenómeno conocido que se trabaja, no un efecto que se busque.
Qué puedes comprobar tú en la primera tanda
Hay tres cosas que se comprueban solas, sin tener que fiarte de nadie. Si al parar la tanda puedes decir con tus palabras qué ha pasado en esos treinta segundos, tu memoria estaba funcionando. Si te ha apetecido interrumpir y has podido, el control era tuyo. Y si al salir eres capaz de reconstruir la sesión entera, no ha habido ningún estado raro del que despertar.
Ninguna de las tres depende de que el terapeuta sea mejor o peor. Dependen de que el procedimiento sea el que dice ser. Si alguna falla, tiene sentido preguntar, y en terapia EMDR o en cualquier otro sitio esa pregunta tiene que tener respuesta.
Si estás valorando empezar EMDR y lo que te frena es justamente esta parte, en Psicoprotego podemos resolverte las dudas antes de que decidas nada. Sin compromiso y a tu ritmo.
Preguntas frecuentes
¿Los sonidos y los golpecitos funcionan igual que los movimientos oculares?
Los movimientos oculares son los que más se han estudiado. Se cambia a tonos o a golpecitos (tapping) cuando seguir con la vista cansa, cuando hay algún problema ocular o cuando a la persona le va mejor cerrar los ojos, y se va mirando si el trabajo avanza igual.
¿Puedo hacerlo yo en casa con uno de esos vídeos de luces que se mueven?
No. La estimulación es la parte que se ve, pero el trabajo lo hace el protocolo que la rodea: elegir el recuerdo, preparar antes, decidir cuándo parar y cerrar la sesión. Sin eso puedes abrir un recuerdo y quedarte solo con él abierto. No es nada recomendable.
¿Se puede hacer con los ojos cerrados?
Sí, con otros métodos como sonidos o con golpecitos (tapping). Se puede perder parte de eso de tener un pie aquí y otro allí, así que suele reservarse para quien no lleva bien la versión visual.
¿Y si me mareo o se me cansan mucho los ojos?
Se dice y se cambia el ritmo o la forma de estimulación. El mareo ligero al principio es frecuente y se corrige bajando la velocidad o acortando el recorrido.
¿Funciona igual por videollamada?
Depende de unas cuantas condiciones concretas, que están en EMDR por videollamada. Se puede hacer a distancia, pero no en cualquier circunstancia.
¿Y si nunca he ido al psicólogo y no sé si lo mío es para tanto?
Eso es otro asunto, y hay diez señales bastante concretas que ayudan a decidirlo mejor que la intuición. De todas formas, si estás por aquí y te lo planteas, quizá es solo cuestión de reconocer que necesitas ayuda.
Referencias (5)
Elkins, G. R., Barabasz, A. F., Council, J. R., y Spiegel, D. (2015). Advancing research and practice: The revised APA Division 30 definition of hypnosis. International Journal of Clinical and Experimental Hypnosis, 63(1), 1-9.
Lee, C. W., y Cuijpers, P. (2013). A meta-analysis of the contribution of eye movements in processing emotional memories. Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry, 44(2), 231-239.
Sack, M., Lempa, W., Steinmetz, A., Lamprecht, F., y Hofmann, A. (2008). Alterations in autonomic tone during trauma exposure using eye movement desensitization and reprocessing (EMDR): Results of a preliminary investigation. Journal of Anxiety Disorders, 22(5), 813-820.
Shapiro, F. (2018). Eye movement desensitization and reprocessing (EMDR) therapy: Basic principles, protocols, and procedures (3.ª ed.). Guilford Press.
van den Hout, M. A., y Engelhard, I. M. (2012). How does EMDR work? Journal of Experimental Psychopathology, 3(5), 724-738.
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