EMDR por videollamada: cuándo encaja y cuándo es mejor la consulta
El EMDR se puede hacer por videollamada, y lo que se sabe hasta ahora apunta a que funciona bastante parecido a la consulta. Lo que más pesa en que salga bien no es la pantalla: es lo que hay al otro lado, el sitio desde el que se conecta la persona, el plan que se ha acordado por si algo se tuerce y el momento del tratamiento en que está.
Hay quien lo pregunta porque vive lejos, quien trabaja a turnos o tiene niños pequeños en casa, y quien ya intentó encajar una terapia presencial en su semana y no le salió. La duda de fondo suele ser si es lo mismo o una versión rebajada.
Lo que sabemos y lo que no
La investigación sobre EMDR a distancia es reciente, la mayoría nació con la pandemia, y aun así lo que hay va en la misma dirección. Una revisión de 2024 reunió los estudios publicados hasta entonces y encontró mejorías en estrés postraumático, ansiedad y depresión; también dejó claro el límite: casi todos eran estudios pequeños y muchos no tenían con qué compararse (Kaptan et al., 2024).
Desde entonces hay datos más sólidos. En un ensayo con personas que sufrieron los terremotos de Turquía de 2023, el EMDR hecho entero por videollamada redujo mucho los síntomas de estrés postraumático, igual que la terapia cognitivo-conductual, mientras que quienes esperaban turno no mejoraron por su cuenta (Çınaroğlu et al., 2026). Cuando se ha comparado el EMDR por videollamada con el presencial hecho por el mismo terapeuta, los resultados han sido parecidos (Liou et al., 2022). Y en una evaluación hecha durante la pandemia en el Reino Unido e Irlanda, mejoraron tanto los adultos como los niños y adolescentes (McGowan et al., 2021).
Con otras terapias del trauma el terreno está más pisado. En un ensayo con veteranos que vivían en zonas rurales, hacer la terapia por videollamada funcionó igual de bien que en persona, y la relación con el terapeuta fue igual de buena (Morland et al., 2014).
Diría que, con lo que hay hoy, la forma importa menos que las condiciones. Lo que todavía falta son más estudios que comparen directamente pantalla y consulta en EMDR, así que no se puede decir que dé exactamente igual; sí que no hay motivos para pensar que sea una versión rebajada.

Qué hace falta al otro lado de la pantalla
Lo primero es un sitio donde se pueda hablar sin que nadie oiga y donde se pueda llorar sin tener que dar explicaciones. No se trata solo de que alguien escuche desde el pasillo. Trabajar un recuerdo difícil remueve, y al terminar la sesión hacen falta unos minutos antes de volver a ser el padre, la hija o el compañero de piso que se espera en casa. Hay quien lo resuelve con una habitación con pestillo y unos auriculares, y quien se conecta desde el coche aparcado.
Lo segundo es un plan, acordado antes de tocar ningún recuerdo. Las directrices de la asociación estadounidense de EMDR piden reunir de antemano los datos de contacto para una emergencia y pactar con la persona qué se hace si en mitad de una sesión, o entre sesiones, empieza a desconectarse de lo que la rodea (EMDRIA, 2020). Suena a trámite y es lo contrario: es lo que permite entrar en el trabajo con tranquilidad, en vez de ir de puntillas. Además, entre sesiones, si el malestar se dispara, se puede llamar; no hace falta esperar a la siguiente.
Lo tercero es una conexión que aguante. Parece un detalle menor hasta que una sesión se corta dos veces en el peor momento.
Cómo se hace la estimulación bilateral a distancia
Es la duda técnica que más aparece. En consulta, el terapeuta mueve la mano delante de los ojos o da golpecitos alternos en las manos; a distancia eso no se puede, así que se usan otras vías: seguir con la mirada un punto que se mueve de un lado a otro de la pantalla, oír un sonido alterno por los auriculares o darse uno mismo golpecitos alternos, como en el abrazo de la mariposa, mientras el terapeuta marca el ritmo (Fisher, 2021). Se prueba en la fase de preparación y se elige lo que a cada uno le funciona.
Para seguir el punto con la mirada hace falta una pantalla que deje mover los ojos de lado a lado, de un extremo a otro del campo de visión; es lo que recogen las directrices de la asociación estadounidense de EMDR (EMDRIA, 2020). Por eso, idealmente, un ordenador o una pantalla grande, no el móvil, que se queda corto. Si no hay otra opción, se puede usar el móvil y hacer la estimulación con el abrazo de la mariposa. Hay además plataformas pensadas para el EMDR a distancia, que mueven un punto por la pantalla mientras el terapeuta observa a la persona, y los primeros estudios con ellas son prometedores: en uno, los resultados fueron parecidos a los de la consulta (Russo et al., 2024).
La estimulación es solo una pieza. Qué se nota durante las tandas está contado en qué se siente con la estimulación bilateral, y el resto del trabajo, en las ocho fases del protocolo, que a distancia son las mismas.
Lo que sí cambia es lo que ve el terapeuta. Es como mirar por una ventana más pequeña: en consulta se ven las manos, los pies, la respiración, el cuerpo entero contando lo que la voz todavía no cuenta; en la pantalla, una cara y poco más. Eso se compensa preguntando más, y por eso una sesión por videollamada suele ser algo más hablada. Si alguien tiende a desconectarse, se trabaja con los ojos abiertos y con algo a mano que le ayude a volver al presente, preparado antes de empezar.
Cuándo es mejor empezar en la consulta
Hay situaciones en las que la videollamada no es la mejor puerta de entrada: cuando no hay en casa un sitio de verdad privado, cuando la persona de la que se quiere hablar vive bajo el mismo techo, cuando hay riesgo y no hay nadie cerca con quien contar, o cuando la desconexión es intensa y todavía no se ha hecho el trabajo de preparación que la vuelve manejable. En esos casos, al menos al principio, tiene sentido la consulta.
Ojo, no se trata de descartar la pantalla por si acaso. Muchos tratamientos de EMDR acaban siendo mixtos: la preparación en consulta, donde es más fácil construir los recursos, y el procesamiento por videollamada cuando la agenda aprieta, o al revés. Depende de la fase en la que esté el trabajo y de cuántas sesiones tenga sentido plantear.
Y una cosa más, que conviene hablar sin dramatizar: a veces la pantalla se elige por lo mismo por lo que se lleva tiempo evitando otras cosas. No es un motivo para negar la terapia por videollamada; es algo que se nombra en la primera sesión y se decide entre los dos.

Las aplicaciones para hacerlo uno solo
Circulan aplicaciones y vídeos con movimientos oculares guiados para tratarse en casa. La asociación estadounidense de EMDR es muy clara: la autoadministración del EMDR está prohibida en su política, y su guía para la videollamada se refiere siempre a sesiones conducidas en directo por un terapeuta formado (EMDRIA, 2020).
El motivo no es corporativo. Trabajar un recuerdo traumático consiste en acercarse lo justo para que se mueva, y hace falta alguien que sepa cuándo frenar y cómo cerrar la sesión para que la persona salga entera. Una aplicación puede dar el estímulo, no el criterio.
Hay además algo que no se puede saber de antemano: cuánto material traumático tiene uno bloqueado. Lo hemos visto muchas veces: con algunas personas la estimulación es sorprendentemente rápida, también con quienes llegan con reservas sobre si va a funcionar o creen que no hay mucho que sacar. A veces se abre de golpe el recuerdo traumático y llega una descarga emocional muy intensa, lo que en EMDR se llama abreacción. Eso tiene que pasar en terapia, con el profesional delante, no estando uno solo y sin recursos. Qué es el EMDR y para qué sirve está explicado en qué es la terapia EMDR, y cómo transcurre una sesión, en una sesión de EMDR minuto a minuto.
Qué preguntar antes de empezar
Antes de empezar por videollamada, son preguntas razonables:
- cómo se va a hacer la estimulación bilateral;
- qué se hace si la conexión se corta o si la sesión se pone difícil;
- en qué momento tendría sentido pasar a la consulta.
Si estás valorando el EMDR y lo que te frena es la distancia o el horario, puedes ver cómo trabajamos por videollamada o escribirnos y lo valoramos contigo, sin compromiso.
Preguntas frecuentes
¿El EMDR por videollamada es menos eficaz que en consulta?
Con lo que se sabe hoy, no parece. Los estudios muestran mejorías claras con EMDR a distancia y, cuando se ha comparado con el presencial, los resultados han sido parecidos. Aun así, todavía son pocos los estudios que comparan las dos formas directamente, así que lo prudente es decir que importan más las condiciones en que se hace que la pantalla.
¿Cómo se hace la estimulación bilateral si el terapeuta no está delante?
Siguiendo con la mirada un punto que se mueve por la pantalla, con un sonido alterno por auriculares o con golpecitos alternos que se da uno mismo mientras el terapeuta marca el ritmo. Se prueba antes de trabajar ningún recuerdo y se elige lo que mejor funcione a cada persona.
¿Qué pasa si me altero mucho y se corta la conexión?
Por eso se acuerda un plan antes de empezar: cómo se retoma el contacto, qué se hace si la sesión se pone difícil y a quién avisar en una emergencia. Una sesión no se deja a medias en mitad de un recuerdo, ni en consulta ni en pantalla.
¿Sirven las aplicaciones de EMDR para hacerlo por mi cuenta?
No. La asociación estadounidense de EMDR prohíbe la autoadministración: los movimientos oculares sin el protocolo y sin alguien que lo conduzca no son un tratamiento, y trabajar un trauma a solas puede remover más de lo que se puede manejar.
¿Se puede hacer EMDR por videollamada con niños y adolescentes?
Sí, se ha hecho, y en los estudios también ellos mejoran. Con ellos pesa todavía más tener un sitio tranquilo en casa y que sus padres sepan cuándo es la sesión y qué hacer después, si hace falta.
¿Puedo empezar por videollamada y pasar a consulta más adelante?
Sí, y también al revés. Muchos tratamientos combinan las dos según la fase en la que esté el trabajo y lo que permita la vida de cada uno en cada momento.
Referencias (8)
Çınaroğlu, M., Yılmazer, E., Ülker, S. V. y Sayar, G. H. (2026). Remote EMDR versus CBT for PTSD after the Kahramanmaraş earthquakes: A randomized trial. Frontiers in Psychiatry, 17, 1779057. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2026.1779057
EMDR International Association. (2020). Guidelines for virtual EMDR therapy: A report of the Virtual Training and Therapy Task Group. https://www.emdria.org/wp-content/uploads/2020/04/Virtual_TG_Report_for_Member.pdf
Fisher, N. (2021). Using EMDR therapy to treat clients remotely. Journal of EMDR Practice and Research, 15(1), 73-84. https://doi.org/10.1891/EMDR-D-20-00041
Kaptan, S. K., Kaya, Z. M. y Akan, A. (2024). Addressing mental health need after COVID-19: A systematic review of remote EMDR therapy studies as an emerging option. Frontiers in Psychiatry, 14, 1336569. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2023.1336569
Liou, H., Lane, C., Huang, C., Mookadam, M., Joseph, M. y Hecker DuVal, J. (2022). Eye movement desensitization and reprocessing in a primary care setting: Assessing utility and comparing efficacy of virtual versus in-person methods. Telemedicine and e-Health, 28(9), 1359-1366. https://doi.org/10.1089/tmj.2021.0454
McGowan, I. W., Fisher, N., Havens, J. y Proudlock, S. (2021). An evaluation of eye movement desensitization and reprocessing therapy delivered remotely during the Covid-19 pandemic. BMC Psychiatry, 21, 560. https://doi.org/10.1186/s12888-021-03571-x
Morland, L. A., Mackintosh, M.-A., Greene, C. J., Rosen, C. S., Chard, K. M., Resick, P. y Frueh, B. C. (2014). Cognitive processing therapy for posttraumatic stress disorder delivered to rural veterans via telemental health: A randomized noninferiority clinical trial. The Journal of Clinical Psychiatry, 75(5), 470-476. https://doi.org/10.4088/JCP.13m08842
Russo, S., Fiani, F. y Napoli, C. (2024). Remote eye movement desensitization and reprocessing treatment of long-COVID- and post-COVID-related traumatic disorders: An innovative approach. Brain Sciences, 14(12), 1212. https://doi.org/10.3390/brainsci14121212
Este artículo es divulgativo y no sustituye la valoración de un profesional de la salud mental. Si estás pasando por un momento de riesgo, en España puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, disponible las 24 horas, o al 112.